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Edito

¡Cuando Europa despierte! (I)

Última actualización: 7 Jul 2017

Editorial – ¡Cuando Europa despierte! (I)
En su último libro Régis Debray apunta que pasamos de la dominación a la hegemonía "cuando ya no hace falta discutir", es decir somos nosotros quienes perseguimos, cuando las manifestaciones más evidentes de la dominación ya no despiertan la atención, cuando nuestras capacidades de análisis están alteradas, cuando el mundo nos escapa, cuando lo que lleva la marca mental de la Providencia o del Destino, cuando uno empieza a amar la servidumbre dulce, cuando pensar de otro modo es banalmente políticamente incorrecto.
Podemos reinterpretar a la luz de este propósito, tres temas a menudo evocados en esta carta, entre otros muchos.
1) A vueltas con el brexit en el plano lingüístico: ¡no a un estatuto particular para el inglés a hurtadillas!
Si nos acogemos al régimen lingüístico de la Unión Europea que no cambió desde el 1958 (llamado más adelante el reglamento 58/1), las lenguas oficiales de la Unión son las lenguas oficiales de los países miembros a razón de una lengua por país. Entonces si un país deja la Unión, la deja con su lengua oficial y si esta lengua no es la lengua oficial declarada por ningún otro estado miembro, deja de ser natural y automáticamente lengua oficial de la Unión. Podemos darle la vuelta al reglamento 58/1 en todos los sentidos, no hay otra interpretación posible. Por supuesto la Unión puede decidir de otro modo, pero por unanimidad de sus miembros. Puede decidir por ejemplo declarar el esperanto lengua oficial al lado de otras de la Unión, pero solo puede hacerlo por unanimidad. Cada uno sabe ahora que la lengua oficial declarada por Irlanda durante su adhesión es el irlandés, su primera lengua oficial, y la lengua oficial declarada por Malta es el maltés. Para restablecer el inglés como lengua oficial de la Unión hay dos maneras de proceder. O bien Irlanda o Malta declaran el inglés en lugar respectivamente del irlandés o del maltés, o bien el Consejo decide por unanimidad conservar el inglés a pesar de que el inglés no sea la lengua oficial declarada por ninguno.
En lugar de esto los juristas del Parlamento Europeo, de la Comisión y el Consejo imaginaron un estratagema que consistiría en mantener el inglés, aunque no sea la lengua oficial de ninguno y eso sin el voto del Consejo, a costa de una torsión (como torcer el cuello) del sentido del reglamento 58/1 según la cual las lenguas oficiales podrían ser independientes de los estados miembros (claro, solamente para el inglés). Sin que nadie lo notara se habría así conferido al inglés un estatus especial, que sería el primer paso hacia la declaración del inglés como única lengua oficial para Europa, las demás lenguas rebajándose al rango de lenguas oficiales nacionales. Entonces volcar de esta manera el reglamento lingüístico de la Unión podría hacerse sin voto. En cambio aplicarlo necesitaría un voto por unanimidad. Sería pues un golpe de fuerza jurídica.
Si solo se tratara de la lengua de un estado miembro de la Unión que se retirara, la cuestión se hubiese arreglado rápido. Si el inglés en este caso da problemas, no es porque es la lengua del Reino Unido, sino que se trata de la lengua de Estados Unidos y la lengua promovida por el OTAN. ¡QED!

2) La situación de las lenguas en la educación en Europa es celebrada por la Comisión como si se tratara de una victoria, cuando estamos estancados desde hace 20 años. La Comisión se felicita de que el número de alumnos aprendiendo más de una lengua está en aumento, salvo que aumentó entre el 2005 y el 2010 y se estanca desde entonces y volvió al nivel del 2009. Por otra parte esto solo concierne el nivel colegio (1er ciclo del segundo grado) y que para el nivel instituto (2o ciclo) el número bajó, mientras que es lo más importante para las lenguas por la continuidad con la enseñanza superior. Lo que quiere decir que las segundas lenguas es decir, todas salvo el inglés, están en menos buena posición hoy que hace 10 años.
¿Esta situación acaso le beneficia a la población? Curiosamente la competencia en inglés no parece haber progresado significamente desde hace 10 años. En el 2001 (Europa con 15), el 53% de los europeos declaraban conocer al menos una lengua europea además de su lengua materna. En el 2012 (Europa con 27), este número pasó al 54% (+ 1%). Pero el número de personas que saben hablar dos idiomas pasó del 26 al 25% (-1%). Espectacular como poco. Los nuevos recién llegados acaso tiraron el nivel general hacia abajo. O acaso en la bajada hacia el monolingüismo el inglés le perjudica a todos los idiomas incluso al inglés. Sea como fuere, el progreso relativo constatado del 2005 al 2010 de las segundas lenguas en el colegio realmente solo tiene importancia si se prolonga en el nivel del instituto y después en la enseñanza superior, lo que claramente no es el caso.
¿Qué interés político empuja a maquillar una realidad tampoco alentadora, si no es la preferencia implícita para el todo en inglés? Pues la eliminación de las lenguas europeas y el empuje hacia la lengua única, púdicamente llamada lengua franca, están mentalmente en el orden de las cosas. "No hay alternativa". Se preconiza "el multilingüismo y el desarrollo de los idiomas", pero se finge. Siendo la meta de la hegemonía llevar a los europeos a comunicar entre ellos como mínimo solamente por medio de la lengua franca, se hace pues lo contrario de lo que se dice.
La convención cultural europea del 19 de diciembre de 1954, con el fin de salvaguardar y desarrollar el patrimonio cultural común preconizaba que cada país miembro desarrollara el estudio de las lenguas, de la historia y de la civilización de los demás países y que cada país se esforzara por desarrollar en casa de los demás y con su ayuda, el estudio de su lengua, de su historia y su civilización. ¿Se puede creer que una lengua común sea de naturaleza a desarrollar este patrimonio común? Es una sandez.
La realidad es hegemónica y es por eso por lo que se prefiere callar.
A Régis Debray no le ha costado subrayar que había más Europa en la Edad Media, en el Renacimiento y en el siglo XIX que hoy.
Hay que defender y promover el alemán, el italiano, el español, el ruso y el francés por supuesto, y muchos más. ¡Al inglés no le irá peor por ello!
3) Globalización, internet y lengua franca
Se asocia generalmente globalización, internet y lengua franca, término utilizado abusivamente para designar la lengua de la primera potencia mundial, primera potencia militar (más del 50% de gastos militares mundiales, pero entre el 16% y el 25% del PIB Mundial según las maneras de calcular), pues las lenguas francas que existieron o que existen nunca son las lenguas de una potencia dominante. Además las lenguas francas nunca facilitaron los intercambios culturales, pues no difunden ninguna cultura, lo que no es el caso del inglés que difunde primero la cultura estadounidense.
Hace 15 años, el 80% de los intercambios en la red se hacían en inglés. Hoy el inglés solo representa el 22%. Esto da que pensar.
4) Respingo
Del libro de Régis Debray brota una profunda desesperación que no consigue compartir totalmente con el lector.
De allí la crítica un poco fácil de "declinismo" aplicada a Europa entera y no solo a Francia, lo que no haría más que añadir a una colección de libros muy abastecida ya.
Pero hay que leer a Régis Debray no en el sentido literal, y tampoco en el segundo sentido sino más bien en el tercero y sacar provecho de las pistas que nos brinda.
La última, la conclusión, es la más significativa. Las culturas se borran cuando la transmisión cesa, no obstante la transmisión se efectúa mediante la lengua.
"Cuando la vida nos enseñó que no se puede hacer trampa mucho tiempo con sus herencias, uno duda que un vestido azafrán y sandalias búdicas puedan hacernos otro que lo que no hemos elegido y tampoco podemos dejar de ser. Al fin y al cabo no hacemos más que tomar el relevo. Es vejatorio en un sentido y reconfortante en otro, puesto que de allí deriva que una continuación, en el futuro, no sea imposible.
Esto se llama a la transmisión. Es una larga aventura en que la sonrisa acaba venciendo a las lágrimas de un instante".
No tenemos por qué oponernos, ni a los Estados Unidos ni a Rusia ni a China, solo tenemos una exigencia: EXISTIR.

Continuará en la próxima Carta