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¡Cuando Europa despierte! (II)


Última actualización: 8 Oct 2017

¡Recobrar el uso de la palabra!

Como lo recuerda el escritor Laurent Binet en su thriller lleno de humor y de talento La septième fonction du langage (la séptima función del lenguaje), la palabra es un poder, función ignorada durante mucho tiempo por los linguistas. Desde este punto de vista, Europa, o mejor dicho las Comunidades europeas, convertidas en la Unión europea, siempre se ha quedado muda, desesperadamente muda, en torno a las asuntos del mundo y a sí misma.

Ya hace tiempo que se hizo el diagnóstico. Para nadie es un secreto. La Unión europea nunca se pensó de otro modo que como "una prolongación política y militar de la potencia americana", según la expresión de Régis Debray. ¿Recuperarse de los escombros de la Segunda Guerra mundial acaso condenaba las naciones europeas a ser y a portarse como eternos vasallos? Las palabras son crueles. El desembarco de Normandía tenía como nombre codificado « Overlord ». ¿Qué significa pues "Overlord"? Señor feudal. Es todo un programa que imprime su huella a 70 años de convivencia. Pero los tiempos cambian. Los europeos parecen concienciarse de que el vasallaje no solo tiene ventajas.

Entonces si Europa, como conjunto de naciones al que el estado del mundo impone unir sus destinos, empezara a hablar, sería algo bueno para todo el mundo.

El semanal Le Point titula su número especial del 21 de septiembre Françallemagne, le pacte historique (Françallemagne, el pacto histórico). En sus distintos discursos, especialmente en el último en la Sorbonna, el presidente francés, Emmanuel Macron, sopla un aire nuevo dándole a la vez una continuidad histórica multisecular. Para el pasado reciente, qué extraordinario parentesco con los discursos que rodearon el tratado franco-alemán de 1963, cuya ambición se había visto obstaculizada por las circunstancias del tiempo! Jamás se trató de que Alemania y Francia condujeran juntas Europa. Pero nada serio puede hacerse sin la pareja franco-alemana. Le corresponde, sin monopolio, proponer e inspirar. El tratado del Elíseo no decía otra cosa. Qué parentesco también con la declaración de Copenhague del 14 al 15 de diciembre de 1973 sobre la identidad europea, que comprometía a los nueve países miembros (los 6 fundadores más el Reino Unido, Irlanda e Dinamarca que acababan de afiliarse) y los futuros nuevos miembros!

Por ejemplo:

« 6. Si, en el pasado, los países europeos pudieron desempeñar individualmente un papel de importancia en el escenario internacional, los problemas internacionales actuales difícilmente pueden ser resueltos por cada uno por sí solo. Los cambios sobrevenidos en el mundo y la concentración creciente de los poderes y de las responsabilidades entre las manos de un número diminuto de grandes potencias implican que Europe se una y, cada vez más, hable con una sola voz, si quiere que la oigan y desempeñar el papel mundial que le corresponde. 8. Los nueve países, cuya meta esencial es el mantenimiento de la paz, jamás lo lograrán si desatienden su propria seguridad. Los que son miembros de la Alianza Atlántica consideran que actualmente no hay alternativa a la seguridad que aseguren las armas nucleares de los Estados Unidos y la presencia de las fuerzas de Norteamérica en Europa; y están de acuerdo para estimar, con respecto a su relativa vulnerabilidad militar, que Europa debe, si piensa preservar su independencia, honrar sus compromisos y estar pendiente, en un constante esfuerzo, de disponer de una defensa adecuada.

  1. Los vínculos estrechos que existen entre los Estados Unidos y la Europa de los nueve países, que comparten valores y aspiraciones fundadas en una herencia común, son mutuamente benéficas y deben ser preservadas. No afectan la determinación de los nueve países a afirmarse como una entidad distinta y original. Los nueve países piensan mantener su diálogo constructivo con los Estados Unidos y desarrollar su cooperación con ellos, sobre una base de igualdad y en un espíritu de amistad. »

Este texto hubiera podido ser escrito hoy o casi. De hecho el contexto geo estratégico ha cambiado mucho.

De esas bonitas resoluciones nada salió realmente, o tan poco, a causa de la incompatibilidad entre la afirmación de un papel político de Europa, de una Europa soberana de Estados soberanos, y la estructura del OTAN y la alineación que acarrea.

Esta alineación alcanzará su punto culminante con la invasión de Irak, aprobada por la casi totalidad de los gobiernos establecidos, dependiendo del veto francés en el Consejo de seguridad y de la posición del gobierno alemán de Gerhard Schröder que había renunciado declarando que no participaría sin mandato de la ONU. Momento histórico que fue destacado por la aparición de una opinión pública europea y por el principio del divorcio entre los gobiernos europeos y sus opiniones públicas.

Desde entonces ha corrido mucha agua bajo el puente. Es inútil recordar los principales acontecimientos desde 1973 que modificaron los equilibrios geo estratégicos y la mirada de los europeos sobre el mundo y sus aliados americanos: fin de la guerra de Vietnam (1975), 40 años de guerra en Afganistán (de 1979 hasta hoy), desplome del bloque soviético (1989), las dos guerras de Irak (1990-1991, 2003-2011) y la extensión de los conflictos en Oriente Próximo (de 2014 hasta hoy), ampliación de la Unión europea de 9 a 28, separación de Yugoslavia, Brexit, ecétera.

Es cierto que la palabra no basta. El verbo solo es un principio.

Entonces miremos las fuerzas en presencia limitándonos a los Estados Unidos, Europa y Rusia.

Rusia es la obsesión de las élites americanas. ¿Qué es lo que pesa realmente?

- Gastos militares (millardos de dólares y % calculado sobre más del 80 % de gastos militares en el mundo 2015) : Estados Unidos: 611, 45,98 % ; Europa (Francia+Reino Unido+Alemania+Italia) 173, 12,72 % ; Rusia 62,9, 5,09 %.

PIB (Producto interior bruto en millardos de dólares y % calculado sobre el PIB mundial en 2015) :

Unión europea : 18 812, 25,22 % ; Estados Unidos : 18 562, 24,88 % ; Rusia: 1 325, 1,78 %

Entonces Rusia representa 1,25 veces la potencia militar de Francia y el 40 % de la de las cuatro primeras potencias europeas; además, apenas es superior a la décima parte de la potencia americana. Por habitante, gasta dos veces menos que Francia y cinco veces menos que Estados Unidos. En términos de PIB, Rusia representa el 12 % de la Unión europea, el 55 % de Francia y el 40 % de Alemania. El coco descrito por cierta propaganda solo es pues un monstruo de papel.

Pero la fuerza material no basta. La influencia, la capacidad de influir, el « soft power », también cuentan mucho, lo que nos remite de nuevo al verbo.

Para Rusia, volver a cobrar una capacidad de influir más allá de sus capacidades militares limitadas es lo que se juega mayormente. Para los Estados Unidos, qué ha sido de su soft power, después del cúmulo de desastres rápidamente evocados arriba. ¿Y Europa?

En un debate organizado por el diario Libération el 26 de noviembre de 2011, en torno al tema "La cultura puede darle un sentido a Europa", Umberto Eco había iniciado esta reflexión : "Ser europeo es algo que uno siente cuando está en otro lugar. Esto me pasó en Estados Unidos. En un evento, después de algunas copas, os abalanzáis sobre el primer noruego que pasa para charlar, con el sentimiento de que nos entendemos mejor. Claro, se trata de una identidad sentida a nivel intelectual, cultural. Lo importante de la cuestión es hacerlo sentir por todo el mundo. »

Nada le impide hoy a Europa hablar de una sola voz, según los términos de la Declaración de Copenhague.

Aquí está lo importante de la cuestión.

En una entrevista dada en el 1965, el general de Gaulle explicaba que la grandeza de Francia (¿qué significado darle a la palabra "grandeza"?) era abogar por doquier por la paz y la cooperación. Tal era su ambición y Francia no podía tener otra. Hoy, se puede defender el mismo discurso para Europa añadiendo el model social, el desarrollo sostenible o la plena y entera responsabilidad de nuestro planeta.

Los derrotistas dirán que Francia solo ve Europa como una Francia grande. Pero, seriamente, acaso no hay un proyecto más grande para Europa que el de abogar y actuar por la paz, la cooperación y la salvaguarda de nuestro planeta y darse los medios interiores y exteriores. No es sin duda la única innovación del discurso de la Sorbonna (la cooperación con África por ejemplo), pero cabe atraer las atenciones sobre el papel desempeñdo por la cultura, las lenguas y el multilingüismo. Esta es, no cabe duda, de importancia.

Esta Europa no puede identificarse mediante une lingua franca. Solo puede ser plurilingüe y fundada sobre sus lenguas.

Continuará en la próxima Carta